miércoles, 2 de marzo de 2016

8 COCA, ALCOHOL, CARNE [Tempestad en los andes]


Los Nuevos Indios son abstemios.

Desarraigaron su inclinación a los tóxicos; ya no les tiraniza el vicio alcoholista, poderoso aliado del blanco opresor. Retornan a su viejo régimen vegetariano, a sus fuertes potajes a base de cereales y cal viva; suprimen la carne. No se anestesian más con la yerba sagrada del trópico; el alcaloide desaparece de su uso diario. Las hojas de coca se emplean sólo para sus ritos mágicos, para sus aplicaciones farmacopeas.
El atiborramiento bestial, característico de los festines religiosos, fue desterrado con las creencias de esta índole. El indio abstemio es un ejemplo.
 

Es la primera victoria del indio vencedor de sí mismo. [1] Superándose en esta lucha contra el monstruo secular, contra la hidra alcoholista, el hombre de los Andes da la medida de su Voluntad de Poder. Como hoy se emancipó de sus vicios tiránicos, mañana se libertará del yugo blanco.

Insensibilizábale el alcaloide. La raza se anestesió con cinco siglos de excesos cocainistas. El explotador pudo maniobrar a su antojo; qué resistencia iba a encontrar en el cuerpo laxo y en el espíritu aletargado del hombre de las sierras. El cultivo de la coca y su venta en gran escala fueron la sistemática neutralización de la conciencia india.
El alcohol completó la obra. Puestos los venenos en la mano del aborigen oprimido, éste buscó su liberación en los paraísos artificiales. Huyó de la realidad dolorosa por los caminos del embotamiento y la idiotización.

Cinco siglos en que el blanco persiguió tenazmente el suicidio espiritual de esta gran raza.
No triunfa perdurablemente el mal. De la noche tenebrosa de la inconciencia emergen a la luz los Nuevos Indios abstemios.

Pagina 97 de “Tempestad en los Andes”, de Luis E. Valcárcel, Editorial Universo, Lima, Peru, ed. 1975

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